sábado, 13 de febrero de 2021

14 DE FEBRERO

(imagen de la red)

Qué bello es el amor, algo que debe arraigarse en cada uno de nosotros cada día del año, cada año de nuestras vidas. Sí, aunque tenga una jornada especial, qué importa un regalo si después no somos consecuentes con nuestros propios sentimientos. Pero eso ya es cosa de cada uno, yo quiero hablar del amor.

Qué hermoso es, al comienzo de una relación, ese roce de manos, ese beso robado, esa mirada tierna, el olor y sabor de la piel, que hace que se nos llene el estomago de mariposas que, aletean sus alas rozándonos el alma.

Y ese amor platónico que nos llena de ilusión y emoción, al ver al causante de nuestro desvelo. O el imposible que nos llena de melancolía pero que, al mismo tiempo nos da esperanza.

No olvidemos el misterio del amor prohibido.

También es bellísimo, ese que se va fortaleciendo con los años, donde la calentura inicial se ha difuminado un tanto pero, ay ese cariño, esa dulzura, ese conocerse y saber que quiere el otro sin pronunciar palabra, esa mirada que ya es tuya y que te cuenta tanto en un pestañeo o, esa caricia a veces provocación, a veces consuelo.

Mi favorito es el incondicional, ese que los padres dan a los hijos en cualquier momento y situación, a pesar de los fracasos y las decepciones. Me encanta el brillo en los ojos de unos padres orgullosos por los logros de sus vástagos. Siento cierta querencia por el fraternal, el apoyo de los hermanos. Adoro ese bienquerer inocente, espontaneo y verdadero de unos brazos infantiles rodeándote el cuello y diciéndote cuanto te quieren o los no ya tan niños que te llenan de detalles. Sí, el cariño de los sobrinos no tiene precio.


Y no olvido ese afecto de los verdaderos amigos, los que te aconsejan pero no imponen, los que te acompañan en lo bueno y en lo malo, los que te ayudan a levantarte cuando te caes y se sientan a tu lado sin decir nada por que saben que no necesitas más que un rato de compañía. Este tipo de apego es hoy en día, un bien bastante escaso, así, que debemos valorarlo si se encuentra entre nuestros amores.

Seguro que hay mucho, muchísimos más. Cada uno de nosotros tendrá el suyo especial, todos estamos enamorados se alguien o algo y, todos son lindos, todos son preciosos. El amor es para experimentarlo, para tocarlo, olerlo, saborearlo; para disfrutarlo. No olvidemos que nos tiene que hacer sentir maravillosamente bien y si duele es cualquier otra cosa.

Espero que tanto el día de San Valentín, como los restantes compartáis en vuestros corazones la alegría y felicidad que nos proporciona el sentirse amado.

Yo, desde este humilde rincón les deseo tanta dicha que la sonrisa no se os borre nunca de los labios.



                             
                                    ¡Feliz Día del Amor y de La Amistad!   

 


jueves, 24 de diciembre de 2020

MIRANDO AL CIELO ESTA NAVIDAD

(imagen de la red)



En este año 2020 en el que todo ha sido tan atípico, llega una fecha que además de señalada es también muy especial.

Es Navidad tiempo de paz y amor, también de hipocresía, de ver a los familiares que viven lejos, reuniones eternas más o menos felices, regalos y sobre todo de ilusión, esa tan maravillosamente inocente que se refleja en el rostro de un niño de un niño.

Esta Navidad, tan extraña, en la que las luces parecen más opacas, los árboles más desnudos, las ciudades más solitarias; o deberían estarlo si somos responsables. Este fatídico año en la que las distancias son mucho más largas, los abrazos y besos virtuales, las risas de los niños apagadas por la lontananza si no están habitando con nosotros, en la que los hospitales hay más enfermos que de costumbre, en la que en muchos casos las lágrimas sustituirán a las burbujas…, en la que nada es igual.

Esta Nochebuena, en la que las ausencias, recientes o lejanas en el tiempo, se sienten como palpitantes heridas abiertas en el alma, en la que los recuerdos de los que nos dejaron parecen hacer sangrar nuestro corazón, miremos al cielo.

Observemos atentamente las estrellas que desde lo más profundo del firmamento, se asoman a embellecernos la noche. titilan impacientes, lanzándonos guiños fugaces. Parpadeemos hasta que esa tristeza que nos hace llorar limpie nuestro rostro y sonriamos de verdad, con una de esas risas que nos hacen brillar los ojos. Sí, esta noche, dediquemos unos minutos de nuestro tiempo a contemplarlas con detenimiento, veamos como titilan impacientes como si quisieran contarnos algo importante.
Ahí en la oscuridad están esas partes de nuestra vida que se ha tenido que marchar, vigilándonos y guardándonos, lanzándonos esperanza con sus guiños fugaces. Como si de un mensaje cifrado se tratara, con cada palpitante destello nos comunican que están bien, que pronto todo irá bien.

Mientras llega la noche para poder disfrutar mirando al cielo, desde aquí os hago llegar mis mejores deseos.




 

 

domingo, 2 de agosto de 2020

PRIMER AMOR





El primer amor es como la viruela, deja huellas imborrables. 


Con el paso de los años los amores cambian pero, jamás olvidas aquel que fue el primero.

Le conocí un día de verano como otro cualquiera, o tal vez era diferente ya que me cambiaría la vida. Yo, era muy niña la primera vez que lo vi.
Desde el mismo instante que mis ojos se posaron en él, mi corazón comenzó a latir desbocado, mi estomago se llenó de mariposas…, cosa que no entendía, pero que con el paso del tiempo, cuando ya eres adolescente o adulta reconoces como señales inequívocas de enamoramiento.

Él era hermoso, lo más bonito que jamás hubiese visto nunca y conforme lo conocía más me gustaba, tanto en su apariencia como en su interior, era perfecto.

En mi acaloramiento, y no solo por las altas temperaturas del estío, creé mi mundo a su alrededor. No prestaba atención a nada, ni padres, ni primos, ni amigos. No perdía un momento para estar a su lado, cualquier minuto, cualquier segundo era suyo. No me importaban juegos, playa o piscina sino estaba conmigo.

Fue mi acompañante en las largas tardes de agosto, durante las eternas siestas y el héroe de mis sueños en aquellas noches soporíferas. Él hizo inolvidable aquel verano.

Cierto, que no ha sido el único, mis gustos han ido cambiando conforme crecía y han habido otros muchos, cientos. Sí, lo sé soy una promiscua pero que le voy a hacer, no me arrepiento de nada. Y como señalé antes, he variado muchas veces en cuanto a gustos, adoré a casi todos.

A pesar de haber disfrutado de otros amoríos, otras pieles entre mis manos, jamás cambiaron mis sentimientos por él, sigo sintiendo mariposas en el estomago cuando lo veo y me pican los dedos por tocarlo. Él fue el primero, el que me enseñó, me enamoró, me abrió los ojos hacia un maravilloso mundo. Sí, aún lo amo.

Edmond Dantes, Conde de Montecristo mi primer y gran amor, el que me cautivó en el bello “vicio” de leer y suyo será mi corazón por siempre.




jueves, 2 de julio de 2020

BAILARINA


Ama la vida que vives y vive la vida que amas.

Para ALBA, no puedo estar más orgullosa. 

 Danza bailarina, abandona la crisálida de la infancia y sal a vivir.
Desparrama tu oscuro cabello y perfuma la adolescencia, deja que tus ojos, color caramelo, brillen e iluminen tu juventud.

Baila bailarina, otea el horizonte y sal a la vida, adórnala con bellos arabescos que son tus puros sentimientos, haz cabriolas que embellezca tu existencia.

Danza mi linda bailarina, estirando tus elegantes brazos para apartar vileza que te aceche y encógelos, en un noble abrazo, para acaparar el amor de los tuyos y el que seguro que pronto llegará, que tanto te mereces.
Baila preciosa bailarina, de puntillas en lo que te haga mal y pisando fuerte por la vida,
siempre con tu distinguido saber estar.


Despierta al mundo apolínea bailarina, siendo siempre tú, sin cambiar por nada  o nadie. Sé fuerte mi bella  danzarina, cuando tropieces con los obstáculos que encontrarás, levántate, aparta las lagrimas y sigue bailando, girando, brincando…, sin perder esa
sonrisa que ilumina tu rostro. No te envilezcas, ni dejes que la soberbia te posea con los éxitos. Se justa siempre. En lo bueno o en lo malo jamás pierdas tu esencia.



Y así bonita bailarina, entre saltos y pasos de ballet, florece en la primavera de tu lozanía, hechizando con tu esbelta figura y sobre todo la fortaleza  de tu generoso interior.
Pase lo que pasen en el futuro, no te olvides de ser la protagonista de la coreografía de tu historia. 


lunes, 25 de mayo de 2020

HELIOS Y SELENE



Nos amamos por que somos diferentes.

Cuenta una antigua leyenda que en  el principio de los tiempos Helios y Selene se encontraron y se enamoraron. Él todo fuego, cayó prendado de la belleza y el misterio que ella emana. Ella todo hielo que se derritió ante  la poderosa presencia de la pasión. Pero es el suyo un amor desdichado porque, desde su existencia,  están condenados a vivir separados.
  
Llevan una eternidad  persiguiéndose por el reino de Urano a través en los días y las noches, añorando poder tocarse.

Aunque el Sol, desde la distancia, la acaricia con su luz y calor, la Luna desconsolada palidece por no poder tocar a  su amante. A veces, se asoma lívida, a los cielos diurnos para ver a su enamorado.

Si bien ella coqueta, se deja querer, es la novia de los marinos, la confidente de los enamorados, la guía de los soñadores…, solo suspira por el astro rey.

Una vez al mes, Selene enigmática,  se envuelve en un manto de estrellas y desaparece, hay quien dice que se esconde triste, otros que ha ido a reunirse con Helios. Lo cierto es, que cuando resurge parece acunar los recuerdos de un arrebatador encuentro que la harán acabar preciosa y preñada de amor para ir empequeñeciendo hasta ocultarse de nuevo.

Pero ocasionalmente,  Cronos en su sabiduría, les concede huir, desvanecerse durante un mágico  instante.

Entonces  la Luna,  tierna y mimosa, abraza al Sol mientras este se entrega ardiente a  un juego erótico con su añorada compañera y ella amorosa  y  sonrojada lo guarda de los ojos envidiosos, y así permanecen enlazados dando rienda suelta sus sentidos, deleitándose uno en el otro hasta acabar consumidos de placer.

sábado, 2 de mayo de 2020

ETERNAS E INOLVIDABLES



“Muchas maravillas hay en el universo, pero la obra maestra de la creación es el corazón materno” (Ernest Bersot).


En un lejano lugar del firmamento, donde la luna ilumina con más intensidad y el sol calienta suave, está el hermoso rincón de las madres que marcharon. Quizá las lágrimas no nos permitan verlas pero allí, mirando desde un balcón de estrellas, sonríen y nos observan atentamente.

Desde ese precioso sitio, que titila incesante nos hacen llegar su brillo, aprovechando la noche para envolverse en un manto de purpurina y dejarse ver.

En la eterna distancia, nos alientan y nos ayudan a sobrellevar las cargas. Nos dan fuerza para continuar viviendo y ánimos para caminar hacia delante. Ellas, a pesar de su ausencia saben estar cuando se las necesita, con su memoria alivian las heridas que jamás cicatrizaran. Sí, supieron dejar la huella del amor incondicional que mora plácidamente,  en lo más profundo de nuestra alma, ese indeleble al que aferrarse día a día.

Allí en esa preciosa estrella, la que brilla con más fuerza, residen inmortales los corazones henchidos de amor de las madres que partieron. Y vestidas con túnicas de resplandeciente cielo, nos arrullan mientras nos
susurran en sueños, mágicos  cuentos para dormir, nos arropan con un manto de luceros, nos acarician con el recuerdo de la música de su voz, y ataviadas de  viento, nos besan con los labios de la brisa  cuando esta nos roza las mejillas.

¡FELIZ DÍA DE LA MADRE!







sábado, 25 de abril de 2020

EL CONFINAMIENTO Y SUS COSAS



Confía en el tiempo que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades (Miguel de Cervantes).


Es duro estar confinado, por que si no ponemos imaginación, todo se vuelve monotonía y hastío. 

Lo cierto que esta temporada enclaustrados pone a prueba nuestra fortaleza mental y espiritual, es capaz de sacar lo peor y lo mejor de nosotros mismos, es agotadora.

Aunque visto con perspectiva también es muy interesante esto del encierro.

Limpias y relimpias tanto,  que sacas brillo donde no tenía que haberlo.
Bueno, lo de los fogones es un mundo y aparte, haces comida, cena y ya que estás algún bizcocho, tarta o similar. El aburrimiento.

Viajas más que de costumbre, te recorres la casa tantas veces que parece que no la conocieras o como si algo hubiese cambiado en cinco minutos.

Te haces descubridor, sobre todo de las mil cosas que tienes en los cajones de las que ni te acordabas y, muchas de ellas no tienes ideas para que sirven.

Organizador de papel higiénico, buscador incansable de gel hidroalcohólico, harina y levadura.

Descubres que eres capaz de hacer mascarillas casi con cualquier cosa, e incluso te animas a dar alguna que otra puntada.

Eres abridor profesional de neveras, pobre frigorífico que lo abres una y otra vez como si no hubiese un mañana.

Si te gusta, lees tanto que elevas varios puntos la media nacional.

Te sacas un master en por si…, por si me apetece, por si adelgazo…

Un curso en videncia, “en nada estamos en la calle” “la curva está cerca” “va a cambiar el tiempo” “ya queda menos”…

Vuelves a año nuevo: Voy a hacer deporte, aprovecharé para sacar un curso online, ahora si que sí que me pongo…, pero los buenos propósitos se quedaron en enero.

Y luego el tiempo, tengo todo el del mundo pero me da la sensación que no hago nada.

Que no es fácil estar entre cuatro paredes, pero ya que es por nuestro bien y  por el de nuestros compatriotas, tomémoslo con humor.

Quédate en casa y sobre todo cuidaos y cuidad a los vuestros.

martes, 21 de abril de 2020

FELIZ DÍA DEL LIBRO


Sé que me adelanto un par de días, pero más vale pronto que tarde. 

(imagen de la red)



Desde el inicio mismo de nuestra vida, desde el primer llanto comenzamos a escribir sobre un libro invisible con renglones más o menos torcidos que,  al final será nuestra biografía.

Desde ese primer lloro, que causa alegría,  empezamos a deshojar la hermosa rosa que nos ha sido otorgada. Año a año, pétalo a pétalo nos vamos deshaciendo de ella, sin percibir que su belleza se va volviendo gris si no ponemos un poco de entusiasmo.

Y sí, en nuestra mano está que cada página que vayamos escribiendo esté perfumada  por el aroma de tan distinguida flor.

No, no importa que hayan borrones, incluso que alguna de las hojas quede rasgada y  olvidada. No, no está de más que alguno de los folios queden impregnados de fracasos de los que aprender, será señal de que vamos avanzando, conociendo sensaciones y madurando.

Llenemos cada cuartilla de toda clase de sentimientos sin molestarnos en pensar que dirán, sin darnos cuenta siquiera que las vamos rotulando con alegrías y penas, con amor y desamor, con nuevas llegadas y despedidas...

Hagamos nuestra la  tinta invisible que nos ha sido dada para llenar cada folio de todo tipo de tonos, de matices; creemos una gama de colores y sabores que nos haga maravillosamente exclusivos y no permitamos que nadie use la suya para tachar nuestra escritura y ocultarnos en el olvido.

Y así, lenta pero inexorablemente vayamos llenando ese volumen  que se cerrara con nuestra última exhalación.

Que al final de nuestros días no nos arrepintamos de haber dejado páginas en blanco por que se nos olvidó vivir.

¿Qué mejor obra que la que nosotros creamos?, ¿Qué mejor rosa que aquella que desprende nuestra esencia?

Sí,  lee mil libros para tener mil vidas, pero recuerda el más importante, el mil uno que llenas de experiencias únicas, donde alma y corazón van de la mano,  ese, ese solo lo escribes tú.

¡Feliz día del libro!


©María Dolores Moreno Herrera. 

domingo, 12 de abril de 2020

RETORNO

(imagen de la red)

RETORNO

La vieja casa asoma impasible en el horizonte, con pasos cortos me acerco, dudando. No sé que me encontraré. Hace tanto ya.

Aprieto los puños y me dirijo hacia la puerta. Abro, el olor a abandono me golpea haciéndome tambalear, voy hacia las ventanas y descorro las cortinas, un suave rayo de sol se filtra iluminando tenuemente la habitación. Miro en derredor, para mi asombro, casi todo sigue en su sitio. Es como si el día que dejé este pequeño lugar el tiempo se hubiese detenido esperando mi regreso.

Y de nuevo,  aquí estoy, con el corazón lleno de cicatrices y el alma llena de heridas que nunca dejaran de supurar tristeza.

Aquí retorno, con una maleta a rebosar de latidos y lágrimas perdidas. Con los ojos vidriosos y un ramo de penas que no se marchitan.

Aquí vuelvo, con ilusión y ganas. Sí, me tumbó la vida pero, he  aprendido a levantarme, a disfrutar de los pequeños momentos, a sonreír aún cuando la niebla difumine el camino, porque aquello que dejamos pasar no regresa. Y he aprendido que hay que aferrarse a un sueño, tener esperanza y no dejar luchar. El mundo no se detiene aunque uno se baje.

Aquí estoy de nuevo, queriendo, recordando y añorando. A corazón abierto, esperando que esta dama, que es la vida me sorprenda, me maltrate, me ilumine..., sea lo que sea que me depare el destino, he decidido que quiero volver a vivir.



domingo, 5 de mayo de 2019

MADRE

Para esa mujer que me dio tanto sin exigir nada. Hace dos meses que me dejó, pero siempre habitará en mi corazón. Bella.

(Imagen de la red)



MADRE
 
Eres la guía de mis pasos, la del amor incondicional, espejo donde mirarme.

Portadora de besos milagrosos que curan las más terribles heridas, el hada que despliega sus alas protectoras y la fiera que muestra sus colmillos para defenderme del mundo. La de juegos agotadores y noches en vela. La del ceño fruncido por las travesuras y el pecho henchido de orgullo por mis éxitos. La que siempre tiene una caricia y una sonrisa, aunque tu corazón sangre de pena.
(Imagen de la red)

Mano a la que agarrarme, regazo que cobija y hombro sobre el que llorar.
La del sacrificio absoluto y la generosidad desmedida.
Eres maestra, doctora, bruja, maga, amiga, luchadora infatigable… Fuente inagotable de cariño, la que alimenta sueños y mitiga fracasos.
Y sé que por rápido que corra, por alto que vuele, por bajo que caiga, con el rostro sereno mantienes los brazos abiertos para acogerme y envolverme en un abrazo tierno y honesto, que solo es capaz de dar quien ama a alguien más que así mismo.
Tú mujer hermosa de apariencia y, sobre todo, la poseedora de la más importante de las lindezas, de esa que jamás se debilita o muere, la belleza del corazón.
Tú, madre preciosa eres el hogar cálido al que regresar.


© María Dolores Moreno.
 

viernes, 29 de marzo de 2019

QUISE


(Imagen de la red)

Hoy que nadie nos oye te contaré un secreto, te abriré mi alma permitiendo que veas  a través de ella solo por una vez, luego la cerraré y tiraré la llave al mar donde nadie, ni siquiera yo, la pueda encontrar.

Quise decirte que quería un mundo mágico solo para nosotros dos. Ser la melodía que te alegrara el atardecer, un trago de vino que te endulzara el paladar y quemará la garganta.

El agua que resbalaba cada mañana por el cuerpo y el jabón que perfumaba la piel. El viento que te besaba el rostro y se colaba por el cuello de la camisa para hacerte sentir escalofríos.

Quise convertirme en las sábanas que a la noche te envolvían con tibieza para acariciar cada rincón de tu ser. La Luna que guardaba tus sueños y el Sol de tus días fríos.

Una solitaria gota de sangre recorriendo por las venas o uno solo de los latidos de tú corazón. Un pensamiento perdido, un segundo del día,  una imagen borrosa, un recuerdo entre la niebla…

Quise contarte tantas cosas pero callé,  mereces algo más que efímeros deseos, y quizá, haya quien lo llamé cobardía. 
Yo,  yo, lo llamo simplemente amor.

Aunque mi destierro es el olvido, gustosa arrastro las cadenas de mi condena, por que si algo quise, si algo quiero, es que seas feliz.



©María Dolores Moreno Herrera. 

domingo, 23 de septiembre de 2018

Queremos publicar un libro y necesitamos tu ayuda.

Un Proyecto, Un Sueño, Mil Ilusiones. 
En tú mano está ofrecer un poco de ayuda para poder conseguirlo. Gracias de antemano por colaborar.

domingo, 3 de junio de 2018

FANTASÍA


(Imagen de la red)

Habían pasado dos años desde la primera vez que lo vi entre la espesa bruma de mis ojos muertos, no sabía si era un dios que venía a aliviar mi oscuridad o un diablo que me atormentaría hasta mi último hálito de vida, hasta que descubrí que era un guerrero atrapado entre el pasado y el futuro. Un ser al que solo yo podía ver a pesar de mi ceguera.

Hoy oculta entre las mismas tinieblas y como tantas veces le observo. Un día más deambula por la antigua y austera habitación como un león enjaulado, inquieto, en constante lucha contra sus demonios, horas de yermo paseo entre cuatro paredes sin ventanas que siempre lo llevan al mismo lugar, su propio infierno.

Ya le conozco tan bien que sabría describir cada rasgo de su rostro, cada cicatriz que adorna su cuerpo e incluso cada pensamiento que cruza su mente. Le escuché hablar entre sueños y sé que un amor traicionero le condenó al emparedamiento por los siglos de los siglos.

—Pobre hombre, ¡que muerte tan horrible!—,  pienso confundida durante un instante, porque no está muerto.

Una suave exhalación me hace abrir los ojos, que no sé cuando cerré, y aunque sé que no puede verme me sobresalto al hallarlo frente a mí. Sus pupilas verdes, frías y escrutadoras clavadas en las mías. Trago saliva y me concentro en él, fuerte, valiente, inteligente. Ojala pudiera llenarme de coraje, dar el paso y hablar con él, cómo quisiera dejar atrás la cobardía y  explicarle que significa para mi su silenciosa compañía, decirle que no está solo y que me gustaría poder hacer algo para liberarlo de esa tétrica tortura.  
¿Por qué no lo hago?, pregunto a la nada consciente que aunque mis labios se mueven no he articulado palabra. Movida por los silenciosos gritos que escapan de mí me lleno de valor para seguir, para entrar a hurtadillas en su cerebro y en el lacerado corazón. Antes de darme cuenta mi palma descansa sobre la tuya, te veo parpadear extrañado, disfruto del agradable tacto y de la tibieza que desprende tu piel. 

Mis dedos suben por el brazo hacia tu cansado rostro, percibo como se te agita la respiración cuando repaso con las yemas la fina cicatriz dibujada en tu mentón.  
  

Mis falanges descienden serpenteando hacia el pecho, siento como la vergüenza colorea mi cara, mas no puedo parar hasta que mi mano abierta descansa en el centro de él, sintiendo un acelerado palpitar al otro lado. 

— ¿Qué puedo hacer por ti? —murmuró sin saber bien si me escuchas.

Un extraño frío me congela, cuando de un seco movimiento te apartas mascullando entre dientes, yendo al fondo de la estancia, tan lejos como puedes de mí.  Es hora de que te deje en paz por hoy. 

Retrocedo, llevándome el calor de tu piel. Te miro una última vez, tú observas interrogante, estirando el brazo hacia las sombras que me engullen. No puedo evitar sonreír.

Habían pasado dos años desde que te vi por primera vez y hoy sé que estarás conmigo siempre, que encontraré el modo de liberarte de esa cárcel que te aprisiona y, yo soy el fin de esa solitaria existencia que te ahoga.

        

                                                           © María Dolores Moreno Herrera. 
(imagen de la red)





                                        

sábado, 14 de abril de 2018

A VECES

Por motivos de salud llevo mucho tiempo alejada de las redes sociales y del blog,  poco a poco iré regresando y prometo que antes que tarde os visitaré y me pondré al día. Un abrazo para tod@s. 





A VECES

A veces…solo a veces, encontramos en nuestro caduco viaje, a alguien que es mucho más que gente.

A veces… solo a veces, coincidimos con seres poseedores de un aura dorada que, te envuelven en un halo celestial, creando una conexión que va más allá de lo inexplicable, no por que no tengas palabras para definirlo sino, por que eres incapaz de describir la esencia natural de ese ser.

A veces… solo a veces, sin importar distancias, ni edades, ni condición…, notas el ligero roce de un alma desconocida acariciar la tuya y, sabes que encontraste una amistad incondicional.

Y cuando tienes la vida en ruinas y el cuerpo hecho jirones, el viento te trae una palabra de aliento o, una mano invisible extiende sus dedos mágicos para enjugar una lágrima pérdida, haciendo que te sonría el corazón. No cuentan las horas, los días, semanas o meses que pasen,  sabes que siempre estará ahí. Aún en el silencio o en la lejanía,  sin ser reverente conocer su rostro o no, saboreando el vínculo de la empatía, os preocupáis, os extrañáis, os añoráis,

A veces… solo a veces la diosa Fortuna te bendice con tan exquisito y refinado regalo, si es así, guárdalo, atesóralo, cuídalo... Pues, en este mundo de codicia, envidia, egoísmo, en este reino de Ares, no todo el mundo es tan afortunado.

Porque a veces… solo a veces somos capaces de encontrar el extinto linaje llamado: personas especiales. 


                                                           © María Dolores Moreno Herrera.





sábado, 1 de julio de 2017

NUNCA ES TARDE



(Imagen de la red)

Ahora, con más años por detrás que por delante, los misterios se desvelaron. Cuando mis años ya no se contaban en primaveras descubrí que fui lo que todos esperaban. Hija, mujer y madre abnegada.

Respiré pero nunca viví, así debía ser y así lo acepté. Jamás protesté ante mi destino, a pesar de la tristeza que me provocaba asfixiarme entre limpiadores, estropajos, fogones… Era mi obligación dibujar una sonrisa y agradecer tener una familia perfecta. Nunca saqué un pie del plato por el que dirán, mientras las cuerdas que movían mi ser se convertían en gruesas sogas. La ordenadísima, enorme y elegante vivienda era una jaula de oro que me ahogaba lentamente.

Echando la vista atrás, contemplo como perdí la juventud junto a un hombre que, aunque siempre ha sido amable y buen padre, buscó su espacio pisando el mío. Iba a sus partidos pero bailar era una idiotez. Adicto a las “canitas al aire” que jurando perennemente no pasarían más y yo como buena esposa, tragándome el orgullo perdonaba. Los polluelos hace tiempo abandonaron el nido. 

Hoy que mis  otoños pronto se convertirán en inviernos, él sigue acomodado en sus mentiras y sus promesas. Yo cambié, su comida está fría, sus trajes ya no están impecables, ni su cama caliente. He cortado los barrotes de la jaula de oro, he deshilachado las hebras que me sujetaban como una marioneta, he abierto las alas y he aprendido a volar en pos de mis sueños. Cada jornada me engalano, me maquillo, me perfumo y salgo a vivir. Hablan mal de mí ¿a quién le importa?
Puede que hasta hace poco la historia de mi vida la escribieran otros pero ahora, con más años por detrás que por delante, al epílogo de mi existencia seré yo quien le ponga cada letra, cada coma, cada tilde, cada borrón;  hasta su punto y final.




© María Dolores Moreno Herrera 

miércoles, 14 de junio de 2017

GAIA

(Imagen de la red)
Les había mimado desde el mismo momento que les conoció, les regaló su belleza, les donó conocimientos,  les otorgó el poder sobre sí misma, en definitiva se puso a sus pies a cambio de unos pocos mimos, pero ellos infringieron las normas a su antojo.
Ella, prudente, paciente y hasta piadosa apenas si infligió algún que otro castigo pensando que aquellos equívocos eran causados por la ignorancia, después de todo errar formaba parte de la naturaleza humana.   

Y así década a década, siglo a siglo, mientras escuchaba los gritos de los árboles al ser arrancados de sus bosques, sintiendo como el veneno vertido en sus ríos y mares aniquilaba a sus habitantes acuáticos y se filtraba por su dermis, viendo masacrar a las bellas criaturas que poblaban sus praderas, polos… a golpes de sin razón, sazonar con cemento su piel hasta dejar estériles sus campos, comprendió que la codicia del hombre no tenía límite. Lloró.

Enfurecida con ella misma por su torpeza y con aquellos a los que ofreció tan libremente su generosidad,  hoy; como cualquier madre que intenta defender a sus crías, lucha con todas sus fuerzas, con todas sus armas contra el destructor;  en una guerra donde ambos pierden, aunque solo ella es consciente de las heridas.

Así  sus entrañas se sacuden feroces abriéndose en canal; lagrimas de fuego recorren laderas destruyendo, su cabello de sal se adentra en la tierra arrastrando hacia el océano todo lo que encuentra a  su paso, su respiración se torna huracán desolador,  se torna yerma provocando hambruna o llora durante días inundando el mismísimo desierto, hiela y deshiela a su antojo… Los jinetes del Apocalipsis cabalgan sobre su faz.

Cada jornada los noticiarios informan de una desdichada hecatombe en algún lugar del planeta. Cosas que pasan. La soberbia es más fuerte que la inteligencia, a ella le da igual, su venganza no ha hecho más que empezar, es consciente que muere apuñalada por la avaricia día a día, mas lo hace matando, sin perder su belleza, sin olvidar su armonía, después de todo es la gran dama, ella es Gaia.




©María Dolores Moreno Herrera.

(Escaparate realizado por Sue. Adm de la C. Relatos Compulsivos)

jueves, 8 de junio de 2017

LA PIEDRA DEL OLVIDO

Siento mucho no haber podido estar antes ni más por aquí pero las circunstancias mandan ya sabéis: Donde hay patrón no manda marinero. Bueno espero que mi vuelta, aunque lenta vaya siendo definitiva. Prometo que en unos días estaré al tanto de vuestros blogs, y me pondré al día con los comentarios, eso sí unos días que voy lenta.
Gracias a todos por estar ahí. 

Os dejo algo que escribí hace algunos meses y no me dio tiempo a subir, espero que os guste. 

(Imagen de la red)


LA PIEDRA DEL OLVIDO
La resiliencia de Pascual  era su falta de apego a nada o a nadie.
No derramó una lágrima el día que murió su esposa, no asistió al funeral, se fue a trabajar. Jamás mostró interés por sus tres vástagos que, conforme crecieron tuvieron que arrimar el hombro. Ni cuando le anunciaron la muerte del mayor en la guerra o del pequeño, fusilado por rojo.

Cuando su único hijo, decidió casarse con una parroquiana tímida y sin gracia, que le temía más que respetaba, se encogió de hombros. Pronto llegaron los nietos, a los cuales ignoraba aunque dormía con ellos en un jergón lleno de bultos, bajo mantas húmedas. Más bocas que alimentar y cada vez menos pan para saciar el hambre.
 El rostro de Pascual siempre pétreo nunca dibujaba emoción alguna.

Con los años, la edad comenzó a pesar en aquel hombre silencioso. Los ojos se le llenaron de sombras, los ágiles dedos eran ramas retorcidas, los huesos crujían dolorosamente por el reuma, además llevaba semanas fatigado y tosiendo sangre.

El atardecer de ese frío día de enero alcanzó a Pascual en la cima del monte. Su ropa más vieja y unas alpargatas rotas, era su vestimenta. La pelliza, el calzón y la camisa decente quedaron abajo. Un palo, que aferraba con falanges atrofiadas,  le ayudaba a arrastrar su cansado cuerpo.

En lo alto, en un claro limpio de árboles,  buscó la piedra que acarició con devoción  antes de tumbarse.

“Hace muchos años traje aquí a padre y él al suyo…” —Recordó.

Horas después, ya noche cerrada,  apenas sentía las extremidades, le castañeteaban los dientes y los pitidos que emitían sus pulmones eran cada vez más intensos.

”Las cosas se reponen,  las personas vienen y van. No, no es bueno aferrarse a nadie, a nada, ni siquiera a la vida.” —Rememoró aquellas palabras que escuchó el niño que dejó a un anciano allí y  que cada día resonaban en su mente.

Fríos besos comenzaron acariciarle la mejilla, empezaba a nevar, apenas si respiraba, a lo lejos un lobo aulló. Cerró los ojos sabiendo que la espera sería corta.



© María Dolores Moreno Herrera.

(Imagen de Sue Celentano de la C. Relatos Compulsivos)