jueves, 8 de junio de 2017

LA PIEDRA DEL OLVIDO

Siento mucho no haber podido estar antes ni más por aquí pero las circunstancias mandan ya sabéis: Donde hay patrón no manda marinero. Bueno espero que mi vuelta, aunque lenta vaya siendo definitiva. Prometo que en unos días estaré al tanto de vuestros blogs, y me pondré al día con los comentarios, eso sí unos días que voy lenta.
Gracias a todos por estar ahí. 

Os dejo algo que escribí hace algunos meses y no me dio tiempo a subir, espero que os guste. 

(Imagen de la red)


LA PIEDRA DEL OLVIDO
La resiliencia de Pascual  era su falta de apego a nada o a nadie.
No derramó una lágrima el día que murió su esposa, no asistió al funeral, se fue a trabajar. Jamás mostró interés por sus tres vástagos que, conforme crecieron tuvieron que arrimar el hombro. Ni cuando le anunciaron la muerte del mayor en la guerra o del pequeño, fusilado por rojo.

Cuando su único hijo, decidió casarse con una parroquiana tímida y sin gracia, que le temía más que respetaba, se encogió de hombros. Pronto llegaron los nietos, a los cuales ignoraba aunque dormía con ellos en un jergón lleno de bultos, bajo mantas húmedas. Más bocas que alimentar y cada vez menos pan para saciar el hambre.
 El rostro de Pascual siempre pétreo nunca dibujaba emoción alguna.

Con los años, la edad comenzó a pesar en aquel hombre silencioso. Los ojos se le llenaron de sombras, los ágiles dedos eran ramas retorcidas, los huesos crujían dolorosamente por el reuma, además llevaba semanas fatigado y tosiendo sangre.

El atardecer de ese frío día de enero alcanzó a Pascual en la cima del monte. Su ropa más vieja y unas alpargatas rotas, era su vestimenta. La pelliza, el calzón y la camisa decente quedaron abajo. Un palo, que aferraba con falanges atrofiadas,  le ayudaba a arrastrar su cansado cuerpo.

En lo alto, en un claro limpio de árboles,  buscó la piedra que acarició con devoción  antes de tumbarse.

“Hace muchos años traje aquí a padre y él al suyo…” —Recordó.

Horas después, ya noche cerrada,  apenas sentía las extremidades, le castañeteaban los dientes y los pitidos que emitían sus pulmones eran cada vez más intensos.

”Las cosas se reponen,  las personas vienen y van. No, no es bueno aferrarse a nadie, a nada, ni siquiera a la vida.” —Rememoró aquellas palabras que escuchó el niño que dejó a un anciano allí y  que cada día resonaban en su mente.

Fríos besos comenzaron acariciarle la mejilla, empezaba a nevar, apenas si respiraba, a lo lejos un lobo aulló. Cerró los ojos sabiendo que la espera sería corta.



© María Dolores Moreno Herrera.

(Imagen de Sue Celentano de la C. Relatos Compulsivos)

11 comentarios:

  1. Extrañaba leerte y creo que la vida es dar todo de si explotarla al máximo con quienes mas si no de que vale la pena vivir. Te mando un beso

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    1. También te extrañé y sí tienes razón.
      Mil besos para ti mi linda.

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  2. ¡Hola! Veo que has creado a un personaje muy frío y que está muy muy bien descrito. Llama la atención hasta qué punto no se ha aferrado a nada en su vida, es casi espeluznante. Me gustaría señalar que hay algunos fragmentos cuyo estilo me han gustado especialmente, como por ejemplo en el tercer párrafo: "Los ojos se le llenaron de sombras, los ágiles dedos eran ramas retorcidas". Me lo he imaginado perfectamente y la comparación de los dedos con las ramas está genial.
    Siempre es un placer leerte. Un abrazo :)

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    1. Hola, me alegra que te haya gustado el personaje. Ciertamente es especialmente frío pero como suelo pensar cada cual tiene su razón de ser. Me gusta mucho que te fijaras en esos detalles, tú que eres una maestra en ellos, así que te lo agradezco doblemente.
      El placer es mío, que me leas y a la vez disfrutar de tus relatos.
      Un abrazo.

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  3. Es un gusto tenerte de nuevo con nosotros, María Dolores. Ojalá que como dices puedas quedarte definitivamente :))

    Respecto al relato, me ha impactado. Aunque sentía antipatía por tu protagonista, al final he comprendido que había una razón de peso para su forma de ser. Somos el producto de nuestras circunstancias, de lo que nos enseñan, de lo que nos ha tocado vivir... y él desde luego no lo tuvo nada fácil. Aunque triste, me ha gustado mucho y me ha dado qué pensar.

    ¡Un beso grande!

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    1. Hola Julia, bueno a ver si los hados me son propicios jajaja.

      Me alegro que te haya gustado el relato y en cuanto al personaje, si he logrado que hayas sentido todo eso por él pues más que contenta que estoy... Concuerdo contigo en que somos el producto de nuestras circunstancias y desde luego Pascual no tuvo una existencia lo que se dice placentera.

      Un beso grande y gracias por pasarte.

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  4. Hola Mariola, se te ha echado de menos.
    Es cierto que como dice Julia el personaje se hacía antipático pero es que el pobre no podía ser de otra manera, cuesta cambiar esa manera de hacer que se ha ido aprendiendo. Es alguien incapaz de empatizar, que nada parece afectarle aunque a su manera sí le afecta. Qué triste vida.
    Un abrazo

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    1. Hola guapa, también yo os extrañé.

      Como bien dices y esa era mi intención que el personaje fuera en principio antipático pero que conforme fuera transcurriendo el relato fuerais capaces de ver que era una coraza. Si muy triste la vida de Pascual, pero quizá no tuvo elección.
      Un abrazo enorme.

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  5. Maravilloso, como siempre... Me alegra ver que vuelves a la carga, espero volver pronto por aquí.

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    1. Muchas gracias Artza, bueno aquí estamos y en tu casa te hayas para cuando quieras volver.
      Espero poder leerte pronto que ya sabes que me encantan tus aventuras.
      Besazo.

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  6. Somos seres grupales y sociales y nos atamos sin quererlo a afectos. después llega la muerte arrebatadora que nos lo va quitando todo y con ello el sufrimiento.
    Tu protagonista lo sabía y no se apegó a nada. Pero creo honestamente que llevó una vida más bien miserable y anodina.
    Besos.

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